Cada cuatro años…

Publicado: febrero 26, 2011 en Uncategorized

Perdonen los inconvenientes que las promesas incumplidas de los candidatos y candidatas a puestos electivos del cuatrienio pasado le hayan podido causar. Por favor excusen también todas los demás males que la actual campaña electoral les este causando. La culpa no es realmente de los candidatos, ellos y ellas son sólo personas tratando de hacer el bien, buenos samaritanos que aman a su pueblo y que quieren lo mejor para el País. La culpa no es de ellos, sino de la política…Porque la política es así…Pero y, ¿cómo es la Política?? Pues es un negocio sucio. ¿No? Porque puro no es.

Estamos, de hecho, en la recta final del proceso eleccionario. Así que prepárese porque ahora es que la cosa se pone buena. Y esta vez la guagua de verdad  va en reversa pal carajo, a las millas de chaflan, patinando y viene de culo. Claro y si viene de ese lao’, suponemos que por eso la peste a putrefacción hace rato que nos ahoga. ¿Verdad? Claro que sí! El zafacón de embustes viene dando vueltas desde hace rato, para el disfrute, la ilusión o desesperanza de muchos.

Bien lo dice, la canción de Rubén Blades, “Déjenme Reír”  “cada cuatro años se aparecen, cargando niños por el barrio, prometiendo, saludando, el voto buscando, y engañando, el voto buscando, y robando… Se acaban las elecciones y al mirar las selecciones siempre ves la misma gente. Y el que votó esperanzado, sigue de un gancho colgado y el que votó indiferente, cree que milagrosamente, se arreglará lo dañado…”

 

Prometiendo lo imposible y dirán lo que sea  para asegurar su acceso al poder o su permanencia en el mismo. Su elección o re-elección la comprarán a fuerza de lo que sea, menos de honestidad. Llegarán, como siempre, sean del partido que sea, a vampirizar las arcas del gobierno y a cumplir solamente con ellos mismos y si acaso, con el partido, pero muy pocas veces con el pueblo y menos con el bienestar de todos.

¿Cómo podemos confiar o fiarnos de la política sino podemos confiar en los políticos? ¿Cómo podemos creer en que la política nos traerá algo bueno o mejor, si cuatrienio tras cuatrienio la cosa va de mal en peor? ¿Cómo habremos de tener algo de esperanza en la política y en los políticos?

Estas son preguntas que no necesariamente tienen una respuesta simple y si intentáramos responder a las mismas nos toparíamos con la gran paradoja que encierra  la política; que aun cuado la política es como es, la misma  también viene colmada de esperanza.

¿De esperanza?  ¡Si! Ya veremos andando el semestre, porque el profesor insiste en que podemos rescatar la politica y que la politica es también, esperanza…

No por casualidad  los políticos utilizan en sus eslóganes de campaña la palabra “esperanza” como gancho electoral en tan repetidas ocasiones (recordemos al hoy Presidente estadounidense en plena campaña presidencial del 2008 y su famoso eslogan, “HOPE FOR A CHANGE”.

Ojalá que no tengamos que pedirle que tomen sus promesas y la esperanzan que prometen y se la “zampen” por el trasero.

Para abonar un poco mas al tema, aquí les dejo la letra de otra famosa canción en torno a nuestro amigos los políticos:

BAJO LA LETRA ENCONTRARAS  UN VIDEO DE ESTA CANCION. ESPERO ESCUCHAR REACCIONES DE USTEDES EN CLASE RESPECTO A LA LECTURA ANTERIOR, LAS CANCIONES  Y VIDEOS.  QUE DISFRUTES!!

“ALGO PERSONAL “, de JOAN MANUEL SERRAT 

Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo

que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.


 

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