Legitimidad, resistencia a la autoridad política y revolución: grandes preguntas de la filosofía política

Publicado: marzo 19, 2016 en Uncategorized

Por JUAN E. MARCANO MEDINA

 

                  ¿Por qué debemos obedecer al Estado, a las leyes y a las autoridades? ¿Por qué debe el ciudadano obedecer al gobernante, pagar contribuciones y seguir, por ejemplo, las leyes de tránsito? ¿Por qué debe este sentirse obligado a observar las normas? ¿Qué es lo que hace del Estado una entidad que se merezca nuestra obediencia? ¿Qué hace a la ley digna de nuestra subordinación? ¿Qué hace a un gobernante alguien digno de nuestro respeto? ¿Qué cosa le autoriza a gobernar y a tomar decisiones en nuestro nombre? ¿Es legítimo desobedecer al Estado y a la autoridades? ¿Me puedo resistir a obedecer al poder político? ¿Están las revoluciones justificadas? ¿Tenemos el derecho de cambiar el sistema o poder político que no nos gusta o satisface por otro que nos resulte más conveniente o mejor? ¿Cómo se justifica el cambio político? ¿Qué tipo o forma de gobierno nos resulta más legítimo o nos parece mejor para gobernar la sociedad? ¿Qué forma de gobierno es el mejor para el ser human o nos resulta más conveniente o apropiado ¿Qué forma de gobierno se ajusta mejor a la naturaleza humana? ¿Existe algún tipo de gobierno que sea el más legítimo entre todos los demás para la vida humana? ¿Es la democracia el mejor sistema de gobierno? ¿Necesitamos más o menos democracia y por qué?

A lo largo de los tiempos estas han sido algunas de las grandes preguntas que la filosofía política se ha encargado de contestar. Estos cuestionamientos son por lo tanto objeto fundamental de estudio de la ciencia política y muy particularmente de la disciplina del pensamiento político o la filosofía política. Todas estas preguntas han sido ya objeto de estudio de parte de los teóricos. Algunos de ustedes, como ya hemos indicado en clase, tiene respuestas teóricas (aunque desarticuladas) para algunas o todas estas preguntas.

¿Por qué son importantes las anteriores preguntas para la ciencia política y la filosofía? Desde que el ser humano vive dentro de algún tipo de arreglo político o bajo algún tipo de autoridad gubernamental este se ha preguntado; ¿qué me obliga obedecer al gobierno, a los gobernantes (al rey por ejemplo, a las autoridades estadounidenses, quizás)? Las respuesta a su pregunta, aunque han variado en alcance y en forma a través de los tiempos, han sido siempre en la línea de presentar “justificaciones” para la obediencia del ciudadano (en este caso usted) a la autoridad política, para el poder del Estado o del arreglo político bajo el cual vive, por una parte; o por otra parte, presentar algún tipo de justificación para no obedecer al Estado, para resistirse a la ley y a la autoridad en diversos grados o incluso, para rebelarse en totalmente contra del poder político de manera terminante, como cuando se lleva a cabo una rebelión o revolución, como por ejemplo la famosa Revolución pro-independencia de las 13 colonias norteamericanas contra la Corona Inglesa y que luego dio paso a la creación de lo que es hoy ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

La filosofía y la ciencia política se interesan por todos los asuntos o situaciones teóricas antes mencionados porque en última instancia algún filosofo político terminará por poner en perspectiva filosófica alguna de las visiones respecto a la autoridad, al poder y la obediencia o no al Estado en un formato teórico. Es decir, algún filósofo político elavorará (o ha elaborado) una teoría donde presentará premisas, conceptualizaciones,  argumentos, razones y fundamentos, ya sea para justificar por qué debe un ciudadano obedecer el Estado (o por qué el Estado-la ley y la justicia-es un ente legítimo que merece ser respetado); o por el contrario, bajo qué condiciones socio-políticas se justifican la desobediencia y la resistencia al poder político por parte del ciudadano o bajo cuál situación específica es legítimo para un ciudadano o un grupo tomar las armas e iniciar una  revolución política. Un buen ejemplo de ello es precisamente la famosa Declaración de Independecia de Estados Unidos.

A través de los tiempos distintos filósofos políticos han estado defendiendo una u otra de las posiciones antes señaladas o inclusive ambas toda vez que sus teorías intentan cubrir diferentes problemas políticos dentro de diferentes contextos  teóricos. Toda teoría política posee una vertiente teórica que determina el carácter y alcance de las instituciones socio-políticas que el pensador intenta describir, criticar, destacar o descifrar. A esta parte o segmento de la teoría política se le conoce como la teoría de las instituciones(TIns). La misma contiene una serie de sub-componentes teóricos o sub-teorías. Estas son: 1) teoría del origen del Estado (la cual intenta explicar de dónde proviene el Estado, cuál es su naturaleza, cuales son los fines o propósitos del mismo, qué es el bien o bienes comunes que EL ESTADO intenta proteger y en qué se basa o cuáles son los fundamentos de la legitimidad del mismo). 2) teoría del poder político o la autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo). 3) teoría de la legitimidad (qué es la legitimidad y cómo la misma se logra, se consigue o se mantiene dentro de un arreglo u orden político). 4) teoría del liderazgo (quién debe gobernar, por qué, cuáles deben ser cualidades que debe poseer el líder). 5) teoría del poder político o la autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo). 6) teoría de la justicia (qué es la justicia, cuál es su naturaleza y cuál es el rol de la misma en la política). 7) teoría del ciudadano (cuál es el rol del ciudadano en el Estado, su función, sus deberes, responsabilidades, libertades y privilegios)  8) teoría de los regimenes políticos o de cu’al es el mejor tipo de sistema autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo).

Cada uno de los componentes de la TIns están interrelacionados o conectados teóricamente hasta el punto de que es posible determinar, derivar  o deducir muchos de ellos a partir de conocer los fundamentos teóricos de dos o tres de estas partes. Es decir, si conozco cómo piensa un filósofo sobre el origen del Estado, sobre la autoridad política y sobre la justicia, puedo derivar con cierta certeza cuál es su visión sobre el rol del ciudadano o su teoría del líder político.  Claro, que quizás no sea posible deducir  con suficiente precisión esto si desconocemos otras partes de cierta teoría política.

Además de la TIns, una teoría política posee dos componentes adicionales. Estos son: la teoría del ser humano (cuál es la naturaleza del ser humano, cuáles sus inclinaciones naturales, su conducta psicológica, etc.; por ejemplo el cristianismo nos presenta una teoría del ser humano que tiene un gran impacto en el campo de lo político), y  la teoría del cambio social (TCS). Esta última contiene a su vez varias sub-teorías: 1) teoría de la estabilidad del orden o arreglo político (cómo se conserva o mantiene la estabilidad en un Estado, cómo se produce el conflicto socio-político, cómo se pierde dicha estabilidad, cómo se corrompe el Estado y cuál es la génesis del caos). 2) teoría de la oposición o de la resistencia al Estado o a la autoridad (qué cosa constituye la oposición o resistencia, si es o no legitima o se debe permitir y bajo qué circunstancias específicas es la resistencia, la protesta, la desobediencia, la insubordinación y/o la rebeldía justificable). 3) teoría de la revolución (qué es la  revolución y bajo qué circunstancias específicas es la misma justificable o legítima). Como parte de la TCS también puede incluirse la sub-teoría de la guerra (es la guerra justa o no, cómo se justifica la agresión, tomar las armas y el tomar acciones bélicas).

Si tomáramos como modelo, por ejemplo, la teoría política del famoso filósofo Platón, veríamos cómo las diferentes sub-teorías de su visión político-filosóficas se conectan independientemente por dónde comencemos a estudiarla. Por ejemplo, podemos comenzar por su visión sobre cuál era el mejor tipo de gobierno para éste—quién de hecho argumentaba que la democracia (a la cual llamaba tiranía de la mayoría) era el peor de todos los tipos de gobiernos– Según Platón, el líder político realmente capaz de gobernar con justicia y bondad un Estado que buscase solamente el bienestar de sus ciudadanos, lo era el filósofo o lo que el llamó el Rey-Filósofo y por lo tanto él favorecía o una Monarquia o una Junta (ue gobernaran la sociedad, algo así como la Junta de Gobierno en la famosa película de “The Giver”. Platón construyó una teoría política donde apoyaba filosóficamente una monarquía donde gobernaban los filósofos, amantes de la sabiduría, incansables exploradores de la verdad de las cosas, versados como nadie en el bien común, en lo verdaderamente útil y provechoso para el pueblo  y únicos conocedores de lo que era el verdadero bienestar de los ciudadanos. Según él, este régimen era perfecto y una vez llegado a este tipo de arreglo político no habría porque cambiarlo ya que era el más justo, el más ordenado, el más libre, el más valiente, el más bueno y el más bello entre todos los demás. Platón consideraba que la democracia era la forma más corrupta de gobierno porque las masas gobernaban al arbitrio de las pasiones, de sus sentimientos, de sus miedos e intereses egoístas y no guiados por la idea del bien común y mucho menos guiados por la razón y la inteligencia. Las masas eran además fácilmente manipulables por los inescrupulosos demagogos.

Las democracias, según Platón, al igual que muchos otros después de él (que piensan igual) siempre falta la razón y la inteligencia en os asuntos de gobierno. Por el contrario en ellas, sobre la demagogia, la irracionalidad, el disparate, la arbitrariedad y el libertinaje. Es el caos el que gobierna o imperaba en ellas y no la sabiduría.  Por ello no debe sorprender, según Platón, que el abuso, el atropello, la sinrazón, la ilegalidad, la corrupción y la injusticia sea lo más que sobresale en este sistema de gobierno de los muchos y los inadecuados. Para Platón la democracia era una cosa loca donde el conflicto y la desorganización eran la orden del día. La justicia y la verdadera libertad por lo tanto, tampoco son posibles en las democracias. No hay más que recordar que Sócrates, maestro de Platón, fue injustamente sentenciado a muerte por la asamblea democrática ateniense. Sócrates no sólo fue privado injustamente de su libertad, sino que murió a causa de la arbitrariedad y capricho de sus acusadores que simplemente veían en él una amenaza al estilo de vida de libertinaje y arbitrariedad moral que reinaba en la Atenas de aquel tiempo.

Pero no podía ocurrir de otra manera. La muerte de Sócrates es producto de la enfermedad democrática  porque la verdadera libertad filosófica en un lugar como este no era posible, porque para ser libres verdaderamente hay que ser sabio y el libertinaje es simplemente resultado directo de la ignorancia. Para Platón la mayoría de los seres humanos son ignorantes, desconocen lo verdaderamente bueno y justo y por ello se dejan llevar por sus apetitos y por sus emociones. Las masas descuidan el buen consejo de la razón y por lo tanto fracasan, no son capaces realmente de gobernar y mucho menos de gobernarse apropiada y provechosamente a sí mismos. Los muchos o los más, según este filósofo, son una masa de ignorantes que caen rápida e inexorablemente victimas de su propia ignorancia e inestabilidad, lo cual produce caos político. De esta manera se corrompe el Estado y la sociedad. Ni desorden, ni la arbitrariedad, ni el caos, no obstante, son cosas que ocurren naturalmente. Para Platón lo natural es el orden. El desorden no es natural, de la misma manera que en la naturaleza no impera lo caótico ni lo desordenado, porque aún los llamados fenómenos naturales que aparentemente desordenan las cosas, tienen el propósito de balancear y de ajustar la naturaleza. El orden según Platón es algo natural y para ello la naturaleza ha creado ciertos principios que fomentan y crean las condiciones de ese orden, como por ejemplo en la sociedad de las hormigas o de las abejas.

El primer principio de la naturaleza es el de la justicia que impone simplemente el que cada persona y cosa hagan aquello para lo cual fueron creados. Según Platón, hay seres humanos que nacieron para gobernar y otros para obedecer, de la misma manera que en la propia naturaleza encontramos a las hormigas perfectamente ordenadas gobernadas por una reina, de la misma forma en que existe un lobo rey de la manada o un ley que reina entre sus leonas o un gorila que es el macho alfa. Cuando no se sigue el principio natural el caos sobreviene porque no hay ninguna otra cosa que pueda surgir de una subversión del orden natural sino la inestabilidad y el caos. Para Platón la naturaleza creo a seres humanos mejor y más capacitados intelectualmente y son ellos los llamados a buscar el conocimiento verdadero y entrenarse en la filosofía para luego poder acceder legítimamente al poder político. Solamente el filosofo es capaz de conocer lo bueno, lo justo y lo bello y por ende sólo el es capaz de saber como gobernar bien a un pueblo y cómo buscar el bien de todos. El pueblo, será libre, según Platón, en la medida en que se deje gobernar dócilmente por el filósofo. El pueblo se libera así del caos que ellos mismos causan y a nivel individual cada uno se libera del capricho de sus propios deseos y apetitos porque el gobernante los llevará por el camino de la sabiduría y de la virtud moral para no dejarlos caer en el caos emocional. Todos seremos felices si gobernaran los Filósofos-Reyes.

Es clara la respuesta de Platón a la pregunta,  ¿por qué debemos obedecer al Estado, a las leyes y a las autoridades? Por qué si el Estado, la ley y la autoridad están fundados en la naturaleza, son totalmente legítimos y se merecen todo nuestro respeto ya que de lo contrario sobrevendría el caos y perderíamos nuestra felicidad, todo se vendría abajo. La democracia no parece ser algo natural según Platón

Siempre se le puede encontrar una justificación a todo tipo de arreglo. Por estas mismas razones Platón no estaría de acuerdo con la revolución ni con la resistencia al poder del Estado. Pero para ver cuál es en parte, la TCS de Platón veamos uno de sus escritos que aparece a continuación, titulado, EL CRITON. Luego continuaremos discutiendo el tema de la legitimidad, autoridad, resistencia y revolución.

(Luego del examen estaremos mirando y analizando esta lectura junto a otras para ver exactamente a dónde nos conducen).

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