Filosofía Política de Platón

La tolerancia y la justicia: Platón y la democracia

De cómo la tolerancia no debe triunfar sobre la justicia y de cómo la democracia nace, en el alma, por un desorden de las pasiones.

Para Platón, todas las formas de Estado, fuera de su Estado Ideal, serían manifestaciones degeneradas de la política de gobierno.

Platón comprende a las tiranías

Antes de la composición de su obra fundamental, La República, Platón había manifestado cierta comprensión hacia las tiranías sicilianas e, incluso, hacia la forma democrática de gobierno. La tiranía salvó a Sicilia de Cartago y la democracia había salvado a Grecia de los persas.

Sin embargo, en La República ya no queda un resquicio de comprensión para la democracia. Cierto que ésta había nacido, con Solón, en la forma de “imperio de la ley”, pero no había conseguido educar al ciudadano en el sentido de su propia responsabilidad, ni al gobernante en el deber de rendir cuentas, que, según Esquilo, era lo que distinguía a la democracia ateniense del despotismo asiático.

La democracia y la libertad

Platón habla de la democracia de su ciudad, en el siglo IV antes de Cristo. “La ciudad rebosa ahora libertad y cada cual puede hacer dentro de ella lo que se le antoje”. La libertad era entendida, pues, como la liberación de los deberes y no como la asunción de normas propias.

El hombre noble, el hombre con areté se constituye como naturaleza cultivada por la razón: en democracia, triunfa el individuo, el carácter azaroso de la naturaleza del hombre, sobre su razón.

La verdad no es democrática

Para Platón, nada puede valer aquello de lo que todos disfrutan. Si existe una verdad, y una filosofía verdadera, no se ve por qué se han de conceder los mismos derechos a quien está en la verdad y a quien está en el error. Las discusiones que siempre terminan con “este es tu punto de vista; el mío es otro”,  hacen que Platón se enfrente contra un tolerancia política que prefiere escuchar una opinión necia antes que reprimirla por la violencia.

Así, quien no quiere participar para nada en las labores del Estado, puede hacerlo sin problema; quien no desee ir a la guerra mientras sus conciudadanos están en ella, puede seguir viviendo en paz; el político imputado por los tribunales puede seguir gobernando, sin que nadie se lo impida. Y seguimos hablando de Platón en la Atenas del siglo IV a. de C.

El tipo de hombre democrático

La tolerancia impera sobre la justicia: no se establecen capacidades mínimas para que un hombre pueda gobernar. Sólo se necesita “confiar en el pueblo”.

El nacimiento del tipo de hombre democrático se debe, según Platón, a un defecto de la educación. El hombre democrático procede del dominio de la codicia, que rebasa los límites de la propiedad privada y del deseo de ahorro. Este hombre ya no sabrá distinguir sus necesidades naturales de sus apetitos sensuales, lo que convertirá su alma en un campo de batalla entre las pasiones, el valor y la razón.

La revolución del alma y la revolución política

Aquí, Platón traza una analogía entre la “revolución del alma” y la revolución política que, efectivamente, condujo a Atenas a la democracia. Las luchas comienzan dentro del alma concupiscible (que es la parte inferior del alma, en la que residen las necesidades animales). En principio, se le opone el alma irascible, parte intermedia del alma, donde residen el valor y el honor. El alma irascible busca apoyo entre sus elementos afines, como el padre educador.

Sin embargo, en un momento dado, el número de apetitos animales insaciables se hace cada vez mayor y más fuerte, por lo que el alma abandona el respeto a los padres y a los educadores. Platón, en cierto modo, culpa a ambos, “porque conocen la ciencia de la educación” y no son capaces de evitarlo.

Ya sin control, todos los apetitos arremolinados asaltan la Acrópolis del alma (la razón), al descubrir que está desguarnecida por su cuerpo de guardia (la educación, la ciencia y el espíritu).

Los valores se invierten

De este modo, la fortaleza se llena de falsedades e imaginaciones agradables y el hombre democrático se ve en manos de ambas. Se cierran las puertas del castillo y no es posible que lleguen refuerzos ni mensajeros trayendo consigo el consejo de los amigos mayores.

El respeto es desterrado del alma, y lo llaman torpeza. Y cambian el nombre de los valores: prudencia por cobardía, moderación por tacañería, libertad por anarquía, magnanimidad por despilfarro. Y valentía por desvergüenza.

Tomado de  Suite101: La tolerancia y la justicia: Platón y la democracia | Suite101.net http://www.suite101.net/content/la-tolerancia-y-la-justicia-platon-y-la-democracia-a23071#ixzz1YV48y1gS

 

ENLACE  A LA LA REPÚBLICA  de Platón:

http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/Platon/LaRepublica_00.html

Instrucciones: de este texto, compuesto por 10 libros o capitulos, usted bebera leer al menos los primeros cinco (5) y el siete (7).  O sea lea rigurosamente del libro 1 al libro cinco de LA REPUBLICA y este preparado para la discusion de este texto en clase… Siempre existe posibilidad de Pruebita corta en su momento.

 

A modo de referencia puede observar  además el siguiente video: 


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