Examen Final

Publicado: mayo 23, 2016 en Uncategorized

Su Examen Final ya esta disponible en el enlace en color.

El mismo deberá ser entregado el día martes 31 de mayo 2016; 11:00 am a 1:30 pm; oficina del profesor. Encontrarás instrucciones más precisas en el documento.

Marcano

Tarea Mayo-9 y 10-Prueba Corta

Publicado: mayo 6, 2016 en Uncategorized

Estimad@s estudiantes: aquí lista de lecturas para prueba corta para próxima clase/lunes y martes respectivamente.

  1. Lectura: Pensamiento Político de Platón-bajo encabezado “Legitimidad poder político”
  2. “Bosquejo Teoría de la Justicia de Platón”: el cual además debe imprimir para traerlo consigo a la próxima clase o tener copia digital para su discusión en clase luego de la prueba corta. El bosquejo es una sinopsis de la visión platónica de la política. Preste particular atención a descripción de lo que el alma democrática/sin libertad/etc. Encontrará el enlace a este bosquejo (de 2 pag.) en la última sección (al final-abajo) de los enlaces.
  3. Leer capítulos 1 y 2 de la Pedagogía del Oprimido de Freire. Tiene enlace aquí. Puede adquirir libro si desea. IBooks y demás servicios tienen el mismo en varios idiomas. Favor utilizar diccionario cuando no entienda algún concepto.

 

Tarea nueva

Publicado: marzo 19, 2016 en Uncategorized

Busque en página de tareas su asignaciones para esta semana: tarea de Twitter y otras para esta semana.

Por JUAN E. MARCANO MEDINA

 

                  ¿Por qué debemos obedecer al Estado, a las leyes y a las autoridades? ¿Por qué debe el ciudadano obedecer al gobernante, pagar contribuciones y seguir, por ejemplo, las leyes de tránsito? ¿Por qué debe este sentirse obligado a observar las normas? ¿Qué es lo que hace del Estado una entidad que se merezca nuestra obediencia? ¿Qué hace a la ley digna de nuestra subordinación? ¿Qué hace a un gobernante alguien digno de nuestro respeto? ¿Qué cosa le autoriza a gobernar y a tomar decisiones en nuestro nombre? ¿Es legítimo desobedecer al Estado y a la autoridades? ¿Me puedo resistir a obedecer al poder político? ¿Están las revoluciones justificadas? ¿Tenemos el derecho de cambiar el sistema o poder político que no nos gusta o satisface por otro que nos resulte más conveniente o mejor? ¿Cómo se justifica el cambio político? ¿Qué tipo o forma de gobierno nos resulta más legítimo o nos parece mejor para gobernar la sociedad? ¿Qué forma de gobierno es el mejor para el ser human o nos resulta más conveniente o apropiado ¿Qué forma de gobierno se ajusta mejor a la naturaleza humana? ¿Existe algún tipo de gobierno que sea el más legítimo entre todos los demás para la vida humana? ¿Es la democracia el mejor sistema de gobierno? ¿Necesitamos más o menos democracia y por qué?

A lo largo de los tiempos estas han sido algunas de las grandes preguntas que la filosofía política se ha encargado de contestar. Estos cuestionamientos son por lo tanto objeto fundamental de estudio de la ciencia política y muy particularmente de la disciplina del pensamiento político o la filosofía política. Todas estas preguntas han sido ya objeto de estudio de parte de los teóricos. Algunos de ustedes, como ya hemos indicado en clase, tiene respuestas teóricas (aunque desarticuladas) para algunas o todas estas preguntas.

¿Por qué son importantes las anteriores preguntas para la ciencia política y la filosofía? Desde que el ser humano vive dentro de algún tipo de arreglo político o bajo algún tipo de autoridad gubernamental este se ha preguntado; ¿qué me obliga obedecer al gobierno, a los gobernantes (al rey por ejemplo, a las autoridades estadounidenses, quizás)? Las respuesta a su pregunta, aunque han variado en alcance y en forma a través de los tiempos, han sido siempre en la línea de presentar “justificaciones” para la obediencia del ciudadano (en este caso usted) a la autoridad política, para el poder del Estado o del arreglo político bajo el cual vive, por una parte; o por otra parte, presentar algún tipo de justificación para no obedecer al Estado, para resistirse a la ley y a la autoridad en diversos grados o incluso, para rebelarse en totalmente contra del poder político de manera terminante, como cuando se lleva a cabo una rebelión o revolución, como por ejemplo la famosa Revolución pro-independencia de las 13 colonias norteamericanas contra la Corona Inglesa y que luego dio paso a la creación de lo que es hoy ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

La filosofía y la ciencia política se interesan por todos los asuntos o situaciones teóricas antes mencionados porque en última instancia algún filosofo político terminará por poner en perspectiva filosófica alguna de las visiones respecto a la autoridad, al poder y la obediencia o no al Estado en un formato teórico. Es decir, algún filósofo político elavorará (o ha elaborado) una teoría donde presentará premisas, conceptualizaciones,  argumentos, razones y fundamentos, ya sea para justificar por qué debe un ciudadano obedecer el Estado (o por qué el Estado-la ley y la justicia-es un ente legítimo que merece ser respetado); o por el contrario, bajo qué condiciones socio-políticas se justifican la desobediencia y la resistencia al poder político por parte del ciudadano o bajo cuál situación específica es legítimo para un ciudadano o un grupo tomar las armas e iniciar una  revolución política. Un buen ejemplo de ello es precisamente la famosa Declaración de Independecia de Estados Unidos.

A través de los tiempos distintos filósofos políticos han estado defendiendo una u otra de las posiciones antes señaladas o inclusive ambas toda vez que sus teorías intentan cubrir diferentes problemas políticos dentro de diferentes contextos  teóricos. Toda teoría política posee una vertiente teórica que determina el carácter y alcance de las instituciones socio-políticas que el pensador intenta describir, criticar, destacar o descifrar. A esta parte o segmento de la teoría política se le conoce como la teoría de las instituciones(TIns). La misma contiene una serie de sub-componentes teóricos o sub-teorías. Estas son: 1) teoría del origen del Estado (la cual intenta explicar de dónde proviene el Estado, cuál es su naturaleza, cuales son los fines o propósitos del mismo, qué es el bien o bienes comunes que EL ESTADO intenta proteger y en qué se basa o cuáles son los fundamentos de la legitimidad del mismo). 2) teoría del poder político o la autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo). 3) teoría de la legitimidad (qué es la legitimidad y cómo la misma se logra, se consigue o se mantiene dentro de un arreglo u orden político). 4) teoría del liderazgo (quién debe gobernar, por qué, cuáles deben ser cualidades que debe poseer el líder). 5) teoría del poder político o la autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo). 6) teoría de la justicia (qué es la justicia, cuál es su naturaleza y cuál es el rol de la misma en la política). 7) teoría del ciudadano (cuál es el rol del ciudadano en el Estado, su función, sus deberes, responsabilidades, libertades y privilegios)  8) teoría de los regimenes políticos o de cu’al es el mejor tipo de sistema autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo).

Cada uno de los componentes de la TIns están interrelacionados o conectados teóricamente hasta el punto de que es posible determinar, derivar  o deducir muchos de ellos a partir de conocer los fundamentos teóricos de dos o tres de estas partes. Es decir, si conozco cómo piensa un filósofo sobre el origen del Estado, sobre la autoridad política y sobre la justicia, puedo derivar con cierta certeza cuál es su visión sobre el rol del ciudadano o su teoría del líder político.  Claro, que quizás no sea posible deducir  con suficiente precisión esto si desconocemos otras partes de cierta teoría política.

Además de la TIns, una teoría política posee dos componentes adicionales. Estos son: la teoría del ser humano (cuál es la naturaleza del ser humano, cuáles sus inclinaciones naturales, su conducta psicológica, etc.; por ejemplo el cristianismo nos presenta una teoría del ser humano que tiene un gran impacto en el campo de lo político), y  la teoría del cambio social (TCS). Esta última contiene a su vez varias sub-teorías: 1) teoría de la estabilidad del orden o arreglo político (cómo se conserva o mantiene la estabilidad en un Estado, cómo se produce el conflicto socio-político, cómo se pierde dicha estabilidad, cómo se corrompe el Estado y cuál es la génesis del caos). 2) teoría de la oposición o de la resistencia al Estado o a la autoridad (qué cosa constituye la oposición o resistencia, si es o no legitima o se debe permitir y bajo qué circunstancias específicas es la resistencia, la protesta, la desobediencia, la insubordinación y/o la rebeldía justificable). 3) teoría de la revolución (qué es la  revolución y bajo qué circunstancias específicas es la misma justificable o legítima). Como parte de la TCS también puede incluirse la sub-teoría de la guerra (es la guerra justa o no, cómo se justifica la agresión, tomar las armas y el tomar acciones bélicas).

Si tomáramos como modelo, por ejemplo, la teoría política del famoso filósofo Platón, veríamos cómo las diferentes sub-teorías de su visión político-filosóficas se conectan independientemente por dónde comencemos a estudiarla. Por ejemplo, podemos comenzar por su visión sobre cuál era el mejor tipo de gobierno para éste—quién de hecho argumentaba que la democracia (a la cual llamaba tiranía de la mayoría) era el peor de todos los tipos de gobiernos– Según Platón, el líder político realmente capaz de gobernar con justicia y bondad un Estado que buscase solamente el bienestar de sus ciudadanos, lo era el filósofo o lo que el llamó el Rey-Filósofo y por lo tanto él favorecía o una Monarquia o una Junta (ue gobernaran la sociedad, algo así como la Junta de Gobierno en la famosa película de “The Giver”. Platón construyó una teoría política donde apoyaba filosóficamente una monarquía donde gobernaban los filósofos, amantes de la sabiduría, incansables exploradores de la verdad de las cosas, versados como nadie en el bien común, en lo verdaderamente útil y provechoso para el pueblo  y únicos conocedores de lo que era el verdadero bienestar de los ciudadanos. Según él, este régimen era perfecto y una vez llegado a este tipo de arreglo político no habría porque cambiarlo ya que era el más justo, el más ordenado, el más libre, el más valiente, el más bueno y el más bello entre todos los demás. Platón consideraba que la democracia era la forma más corrupta de gobierno porque las masas gobernaban al arbitrio de las pasiones, de sus sentimientos, de sus miedos e intereses egoístas y no guiados por la idea del bien común y mucho menos guiados por la razón y la inteligencia. Las masas eran además fácilmente manipulables por los inescrupulosos demagogos.

Las democracias, según Platón, al igual que muchos otros después de él (que piensan igual) siempre falta la razón y la inteligencia en os asuntos de gobierno. Por el contrario en ellas, sobre la demagogia, la irracionalidad, el disparate, la arbitrariedad y el libertinaje. Es el caos el que gobierna o imperaba en ellas y no la sabiduría.  Por ello no debe sorprender, según Platón, que el abuso, el atropello, la sinrazón, la ilegalidad, la corrupción y la injusticia sea lo más que sobresale en este sistema de gobierno de los muchos y los inadecuados. Para Platón la democracia era una cosa loca donde el conflicto y la desorganización eran la orden del día. La justicia y la verdadera libertad por lo tanto, tampoco son posibles en las democracias. No hay más que recordar que Sócrates, maestro de Platón, fue injustamente sentenciado a muerte por la asamblea democrática ateniense. Sócrates no sólo fue privado injustamente de su libertad, sino que murió a causa de la arbitrariedad y capricho de sus acusadores que simplemente veían en él una amenaza al estilo de vida de libertinaje y arbitrariedad moral que reinaba en la Atenas de aquel tiempo.

Pero no podía ocurrir de otra manera. La muerte de Sócrates es producto de la enfermedad democrática  porque la verdadera libertad filosófica en un lugar como este no era posible, porque para ser libres verdaderamente hay que ser sabio y el libertinaje es simplemente resultado directo de la ignorancia. Para Platón la mayoría de los seres humanos son ignorantes, desconocen lo verdaderamente bueno y justo y por ello se dejan llevar por sus apetitos y por sus emociones. Las masas descuidan el buen consejo de la razón y por lo tanto fracasan, no son capaces realmente de gobernar y mucho menos de gobernarse apropiada y provechosamente a sí mismos. Los muchos o los más, según este filósofo, son una masa de ignorantes que caen rápida e inexorablemente victimas de su propia ignorancia e inestabilidad, lo cual produce caos político. De esta manera se corrompe el Estado y la sociedad. Ni desorden, ni la arbitrariedad, ni el caos, no obstante, son cosas que ocurren naturalmente. Para Platón lo natural es el orden. El desorden no es natural, de la misma manera que en la naturaleza no impera lo caótico ni lo desordenado, porque aún los llamados fenómenos naturales que aparentemente desordenan las cosas, tienen el propósito de balancear y de ajustar la naturaleza. El orden según Platón es algo natural y para ello la naturaleza ha creado ciertos principios que fomentan y crean las condiciones de ese orden, como por ejemplo en la sociedad de las hormigas o de las abejas.

El primer principio de la naturaleza es el de la justicia que impone simplemente el que cada persona y cosa hagan aquello para lo cual fueron creados. Según Platón, hay seres humanos que nacieron para gobernar y otros para obedecer, de la misma manera que en la propia naturaleza encontramos a las hormigas perfectamente ordenadas gobernadas por una reina, de la misma forma en que existe un lobo rey de la manada o un ley que reina entre sus leonas o un gorila que es el macho alfa. Cuando no se sigue el principio natural el caos sobreviene porque no hay ninguna otra cosa que pueda surgir de una subversión del orden natural sino la inestabilidad y el caos. Para Platón la naturaleza creo a seres humanos mejor y más capacitados intelectualmente y son ellos los llamados a buscar el conocimiento verdadero y entrenarse en la filosofía para luego poder acceder legítimamente al poder político. Solamente el filosofo es capaz de conocer lo bueno, lo justo y lo bello y por ende sólo el es capaz de saber como gobernar bien a un pueblo y cómo buscar el bien de todos. El pueblo, será libre, según Platón, en la medida en que se deje gobernar dócilmente por el filósofo. El pueblo se libera así del caos que ellos mismos causan y a nivel individual cada uno se libera del capricho de sus propios deseos y apetitos porque el gobernante los llevará por el camino de la sabiduría y de la virtud moral para no dejarlos caer en el caos emocional. Todos seremos felices si gobernaran los Filósofos-Reyes.

Es clara la respuesta de Platón a la pregunta,  ¿por qué debemos obedecer al Estado, a las leyes y a las autoridades? Por qué si el Estado, la ley y la autoridad están fundados en la naturaleza, son totalmente legítimos y se merecen todo nuestro respeto ya que de lo contrario sobrevendría el caos y perderíamos nuestra felicidad, todo se vendría abajo. La democracia no parece ser algo natural según Platón

Siempre se le puede encontrar una justificación a todo tipo de arreglo. Por estas mismas razones Platón no estaría de acuerdo con la revolución ni con la resistencia al poder del Estado. Pero para ver cuál es en parte, la TCS de Platón veamos uno de sus escritos que aparece a continuación, titulado, EL CRITON. Luego continuaremos discutiendo el tema de la legitimidad, autoridad, resistencia y revolución.

(Luego del examen estaremos mirando y analizando esta lectura junto a otras para ver exactamente a dónde nos conducen).

Tiranía de la mayoría y democracia

Publicado: febrero 25, 2016 en Uncategorized

por juan e. marcano medina

Dice el filósofo español José Ortega y Gasset que el “principio político democrático” no debe ser confundido con el “principio político liberal”. Ambos principios, afirma Ortega, se refieren a aspectos muy distintos del ejercicio del poder público, advirtiendo que muchas veces queriendo decir democracia hablamos de liberalismo y viceversa, queriendo hablar de liberalismo hablamos de democracia. Respecto a la naturaleza de dicha confusión Ortega nos explica lo siguiente:

“Democracia y liberalismo son dos respuestas a dos cuestiones de derecho político completamente distintas. La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el poder público? La respuesta es: el ejercicio del poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos. El liberalismo, en cambio, responde a esta otra pregunta: ejerza quienquiera el poder público, ¿cuáles deben ser los límites de éste? La respuesta suena así: el poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del estado. Es, pues, la tendencia a limitar la intervención del poder público (…) De esta suerte aparece con suficiente claridad el carácter heterogéneo de ambos principios. Se puede ser muy liberal y nada democrático, o inversamente, muy demócrata y nada liberal…” (Tomo V: El espectador).

 La confusión, observada por Ortega se deriva en parte de que por  poco más de un siglo, los regímenes políticos en Occidente se han desarrollado en “democracias-liberales”, pero de ordinario simplemente se habla de estos sistemas meramente como “democracias”, por lo que muchos ciudadanos que viven bajo este sistema desconocen  que muchos de los valores que se asumen como democráticos son en el fondo valores “liberales” que sus sociedades promueven y que el sistema refuerza.  Las democracias-liberales son sistemas políticos donde; por un lado, se celebran elecciones con regularidad, donde existe el sufragio universal  y se vota libremente, y que por otro lado; también existe la protección de los derechos y libertades (libertad de expresión, derecho a la propiedad, libertad de culto, etc.) de los ciudadanos, gobierna la ley (Estado de Derecho; imperio o gobierno de la ley) y existen mecanismos para evitar el abuso del poder y discrímenes por parte de los que gobiernan y el abuso en general por parte de los individuos hacia otros miembros (individuos o grupos minoritarios) de la sociedad. 

         Para la consecución de la más eficaz protección y resguardo de los derechos y libertades de la ciudadanía normalmente las constituciones de los sistemas políticos democrático-liberales reconocen y salvaguardan los derechos de los individuos, también establecen el mecanismo de la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) para así evitar que el poder político se concentre en manos de una sola persona o grupo y se establecen barreras contra el abuso del poder por parte de una de las ramas de gobierno implantando lo que se conoce como “un mecanismo de pesos y contrapesos entre los poderes”.   

               A esto que describimos en los dos párrafos anteriores  también se le llama en el pensamiento político, “liberalismo-constitucional”; un conjunto de principios políticos que posee una  constitución liberal como primer instrumento de los ciudadanos para poner límites a los gobernantes y a los propios ciudadanos en general.   

              Ninguna constitución política es perfecta; ningún gobierno que pone en marcha dicha constitución hace su trajo a la perfección y ningún cuerpo político (colectividad política o pueblo) sigue tampoco su constitución al pie de la letra puesto que toda constitución se hace o se crea, en parte,  con el fin de asegurar y promover un estilo o forma de convivencia pública que no necesariamente coincide totalmente con los estilos y formas de ver la vida a nivel socio-cultural de todos los ciudadanos.  

                 Por ende, toda constitución de naturaleza liberal-democrática persigue que la ciudadanía posea una serie de cualidades y actitudes cívicas que estén acordes con los postulados y principios de la democracia-liberal. Es decir, este tipo de sistema político precisa de un grupo de ciudadanos con “una cultura política” que sostenga el estilo de vida cívica democrático-liberal. Ello significa que esta ciudadanía debe poseer costumbres, tradiciones y valores cívico-políticos propios de este estilo de convivencia, tales como: respeto por los derechos y libertades de los demás ciudadanos, la creencia en que todos los seres humanos son iguales y poseen unos derechos y dignidad inviolables, tolerancia hacia las diferencias y vida de los demás y los ideales propios del método democrático: respeto a al sistema de elección democrático, al derecho al voto y al principio de la mayoría como legitimador de muchas de las decisiones que se toman bajo este sistema.   

                    Ahora bien, una vez considerada la naturaleza del sistema democrático liberal de forma general, debemos examinar la noción de “autoridad política”, su relación con las prácticas democráticas y su función dentro de una sociedad supuesta a promover la cultura política liberal-democrática. Tal como advierte Ortega, la confusión o error de apreciación sobre lo que el liberalismo y la democracia significan implica tambien el no reconocer la diferencia cualitativa entre estos dos principios políticos y por ende, ello a su vez implica una visión equivoca respecto a las limitaciones de la autoridad pública que el pueblo o la mayoría posee a la hora de tomar decisiones. Esta confusión tiene una enorme consecuencia en la praxis política; es a dicha consecuencia negativa a lo cual  nos referimos en el título de este escrito como, la tiranía de la mayoría.  Veamos:   

               Como bien sabemos, el principio democrático, tiene su origen en la antigua Grecia. En Atenas el ejercicio del poder público y por ende, la autoridad política correspondía a la colectividad de los ciudadanos reunidos en asamblea; lo que hoy conocemos como una democracia directa (o pura). Queda clara la respuesta que los atenienses dieron a la primera pregunta que Ortega formula, sobre quién debe ejercer el poder público; para ellos, “el pueblo”.   Ahora bien, ¿cuál fue la respuesta que los atenienses dieron a la segunda pregunta de Ortega sobre cuáles deben ser los límites del poder político? La respuesta de estos a la pregunta era “que el poder político no poseía límite alguno”. Es por ello que Aristóteles reconocía lo fácil que este tipo de sistema de democracia directa  degenera y se convierte en lo que este llamaba una tiranía.    

             Tirano es aquel que ejerce su poder arbitrariamente, sin ninguna norma que estandarice su proceder o sus decisiones. La asamblea democrática ateniense fue, precisamente, la que decidió por mayoría sentenciar a muerte al famoso filósofo, Sócrates. Y fue una masa de judíos en Jerusalén la que le pidió a Pilatos que crucificara a Jesús. Justamente, fue el comportamiento tiránico lo que llevó a la democracia ateniense al colapso. En efecto fueron y han sido tantos los abusos de poder que la muchedumbre que decidía únicamente mediante el voto de la mayoría que la propia palabra democracia quedó por mucho tiempo significando, el “gobierno de las turbas”. 

           Por su parte el liberalismo político es una corriente política que nace en la época moderna y que tardó unos cuantos siglos en desarrollarse. La idea de que el poder político debe ser limitado comenzó con la opinión de que la autoridad de los monarcas debía ser limitada por la ley y por la noción de que todos los seres humanos son iguales y que poseen unos derechos que son inalienables. Y sin embargo, por mucho tiempo no existió en los países europeos que tendian hacia el liberalismo y en en los Estados Unidos que fundamentaron su sistema de gobierno sobre la doctrina liberal, tal cosa como el sufragio universal. Hasta hace poco tiempo simplemente  no se le permitía participar en la política a todo mundo. Resulta claro, pues , que la preocupación política de poner límites y barreras a los que gobiernan para que no pisoteen los derechos de los ciudadanos es una preocupación que no siempre ha ido de la mano con elecciones, con los votos y con las doctrinas democraticas.         

         Hoy día, sin embargo, en nuestro sistema politico, asi como en las demas naciones democráticas-liberales del mundo, parece que el voto se ha convertido en el instrumento por excelencia para la promoción y éxito de los valores democráticos y liberales, a pesar de que sabemos que el voto por si mismo  no asegura que el resultado de las decisiones sea democrático-liberal. Porque como advierte Ortega, las deciones podrían ser muy democráticas pero poco o nada liberales. El voto, solo asegura que hay cierto grado de decocracia a la hora de decidir ciertas cosas, pero no estabelce para nada que el proceso de toma de decisiones se da sobre una base “liberal”. En otras palabras,  los valores propios del sistema liberal-democrático ( y en especial de el aspecto liberal de dicho sistema)  no se realizan únicamente a través del voto del ciudadano, sino que requiere que estén en pie otras condiciones y garantías de naturaleza liberal dentro del sistema y sociedad. Dichas condiciones y garantíastales se pueden resumir de la siguiente manera: participación de las minorías en la toma de decisiones y en el gobierno para que puedan controlar o al menos fiscalizar a la mayoría, respeto hacia las minorías y la plena vigencia de las libertades y derechos de todos ciudadanos. Si mientras el principio democrático legitima el poder del pueblo y  el liberalismo, por su parte,  crea el principio político que exige el que todo poder político, sea el del rey o el de la aristocracia, este limitado por la ley y por los derechos del ciudadano, la democracia-liberal no puede permitir entonces que el poder (democratico ) de la mayoría sea utilizado abusibamente y menos que este se convierta en una tiranía donde se heche a un lado o se abandone  el principio liberal. 

                  Por supuesto, el principio de la mayoría, la ley del número mayor de votos, el cual establece la elección entre diversas opciones políticas a través del voto, es una condición necesaria para la existencia de la democracia pero ello no lo puede ser todo y no debe ser considerada como lo único que determina el resultado de la deliberación política. La mayoría solamente viene a representar la opinión del grupo mayoritario que acudió a votar, pero no puede siempre ser el único factor que determine las decisiones que toma el cuerpo político simplemente porque hay decisiones que al atentar contra los derechos y libertades de (algunos) ciudadanos resultan en determinaciones de naturaleza tiránica.  Recordemos, por ejemplo, que el partido nacional-socialista alemán (el partido nazi)  ascendió al poder en Alemania a través de elecciones democráticas y que Adolfo Hitler fue electo como dictador por medio de un plebiscito que le otorgó la victoria con casi un 90% de los votos.  

               Resulta claro entonces que una democracia donde el poder político del pueblo carezca de los límites que impone el principio liberal a la llamada soberanía popular puede, sin lugar a dudas, ser totalitaria y/o tiránica; es decir el poder del pueblo se puede convertir en uno ilimitado, invasor de la intimidad personal, excesivo y trasgresor de los derechos más elementales y de las garantías individuales que todo ciudadano debería tener en una sociedad civilizada.    

             Por ello la teoría política, las prácticas y las constituciones que optan por una visión más liberal del principio democrático consideran que las elecciones y el voto deben ser vistas tan sólo como un procedimiento o método de carácter técnico para resolver controversias entre posiciones políticas en conflicto sin que se tenga que recurrir a la violencia. Se intenta, por ende, a través de este procedimiento evitar la violencia y promover el diálogo y el consenso; consenso y diálogo que solamente se hace posible cuando los ciudadanos entienden que todas las personas poseen unas libertades que deben ser respetados y unos derecho que no pueden ser violentado. Por ello la fórmula política que mejor se acerca a la consecución de esta meta es el liberalismo-democrático: un sistema, que como dijimos, integra la soberanía popular a la máxima de la limitación del poder a través de la obediencia a la ley suprema o a una constitución donde este poder político queda restringido y delimitado por una serie de reglas, normas y principios que constituyen los que hoy conocemos como el “Estado de Derecho”. Es así que la voluntad de la mayoría, los gobernantes electos por estas mayorías y las decisiones que estos toman quedan sometidas a un sistemas de reglas preestablecidas que obligan a todos, a las mayorías y a las minorías, es decir a todos los que conforman el llamado pueblo. ‘

                El poder político ilimitado, cualquiera que lo ejerza constituye una especie de autoritarismo que fácilmente se convierte en absolutismoo totalitarismo. Una democracia donde no se establecen límites al poder es simplemente una dictadura o una tiranía porque atenta contra el principio de libertad política que es la base de cualquier sistema político que se haga llamar realmente democrático y libre.  Nuevamente, Ortega y Gasset advierte muy claramente el peligro de que un pueblo posea un espiritu o fervor muy democratico sin una dosis igualmente fervorosa de liberalismo. Veamos:

“El Poder público tiende siempre y dondequiera a no reconocer límite alguno. Es indiferente que se halle en una sola mano o en las de todos. Sería, pues, el más inocente error creer que a fuerza de democracia esquivamos el absolutismo. Todo lo contrario. No hay autocracia más feroz que la difusa e irresponsable del demos. Por eso, el que es verdaderamente liberal mira con recelo y cautela sus propios fervores democráticos y, por decir así, se limita a sí mismo”
Un pueblo que no posea una cul tura  política liberal o que no entienda lo que es realmente el liberalismo esta destinado a ejercer su poder de manera tiránica. La soberanía popular no puede ser entendida meramente como el arbitrio de la multitud. Lo único que preserva los derechos y libertades de la ciudadanía es la ley, no el principio democrático; porque estos derechos y libertades están protegidos por una constitución en virtud del principio liberal y no necesariamente en virtud de la democracia. El Estado de Derecho-liberal-democrático es el poder de las normas preestablecidas, es el poder sometido a la racionalidad de los preceptos liberales; es el poder sujeto a la ley y no al capricho de la multitud o de los seudo-líderes que suelen manipular al pueblo como ocurre con los demagogos en el  sistema político de Puerto Rico.

Stéphane Hessel, famoso escritor y activista político francés, escribió un libro titulado ¡Indignaos! (Indignez-vous !), el cual se convirtió rápidamente en un libro sumamente popular en Francia y luego en el restó del planeta. Probablemente, no empecé a la popularidad alcanzada por este libro, muy pocos puertorriqueños lo conocen. Quizás, si leyeran, pues tal vez tampoco logre indignarlos lo suficiente. Pero no porque no tengamos razones los boricuas para estar indignados sino porque aún no entendemos cómo canalizar nuestra indignacion.  Cabría preguntarnos qué realmente indigna social y políticamente a los boricuas y qué hace o haría que tomemos acción.

Hessel, quien escribío este libro a los 93 años–al final de su vida y tal como augura en la primera oración de su escrito, pues muere 2 años luego de su publicación–estaba muy indignado con lo que pasaba y pasa aún en el planeta entorno a las grandes desigualdades socio-económicas y males causados por el capitalismo salvaje que domina el mundo hoy. Su indignacion era doble pues Hessel estaba molesto además con la apatía e inacción de los ciudadanos franceses y del mundo en general (quizás muy especialmente con los pueblos europeos y norteamericanos–a lo mejor no necesariamente con gente como nosotros). Nos cuenta el hombre que su indignacion no era necesariamente algo de ahora pues ya está misma indignacion le había llevado a confrontar a los alemanes nazis y luchar contra estos durante el periodo de la ocupación Alemana de Francia.  Así que Hessel, el indignado, invitó con su libro a los demás a indignarse también y a tomar acción. Su libro habla también de la acción no violenta, de la acción pacífica y de la esperanza que el indignarse y tomar acción plantean. Su llamado es a la insurrección pacífica. Y sin embargo, pues llama a los hombres y mujeres libres del mundo a tomar nuevamente la causa de la libertad e indignarse para rescatar el mundo. Cabría preguntarnos si Hessel nos habla a nosotros, los boricuas, también.

Porque; ¿y qué con los oprimidos que aún no aprenden lo que es indignarse de verdad políticamente? ¿Y qué con el que no sabe cómo sacar y hacer de su enojo una acción social y política? ¿Y qué del que no sabe cómo accionar para cambiar el mundo y ya ha perdido la esperanza y no tan  siquiera espera moverse porque Ni sabe cómo hacerlo? ¿Y qué con el que nunca se ha movido y no sabe cómo hacer que la rueda del cambio gire? ¿Y qué con aquel o aquella que no se reconoce como agente histórico y agente de cambio porque nunca le han enseñado o nunca ha sabido que actuar políticamente significa tomar acción sin esperar por los mal llamados políticos de turno a que vengan y hagan algo? ¿Y qué con los que los desesperanzados que ni esperanza ya tienen? ¿Y qué con el que cansado de esperar (pero nunca hizo nada) tomó como último recurso irse del Pais?

Son muchas las paradojas que pueblan un País como Puerto Rico, donde los boricuas vivimos en la isla más políticamente paradójica del mundo; donde convergen todas y cada una de los dilemas, contradicciones, tensiones y males del sistema socio-político y económico global, ampliados a la potencia neo-colonial del siglo 21, pero que nunca ha dejado de ser colonial a lo siglo 18. Indignarnos todos y todas; ¡si! Eso, indignarnos, eso nos resta en la historia del PR de hoy y de ayer. Pero creo que indignados ya estamos y hace mucho, mucho rato. Lo que nos hace falta hoy es tomar acción, todas y todos. Creo que de hecho se nos está haciendo tarde, pero tengo esperanza de que talvez mañana pongamos acción donde hoy tenemos tan solo indignación.

Tiene el libro de Hessel aquí a su izquierda, Indígnate, léalo (págs-13-41).

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Hessel

Hola y bienvenidas/das

Publicado: enero 22, 2016 en Uncategorized

La página de tareas, arriba disponible en una pestaña con título, “Tareas 2016,” contiene las tareas junto a las lecturas asignadas para este fin de semana y la semana entrante. Enjoy!!

Marcano

Cada cuatro años…

Publicado: febrero 26, 2011 en Uncategorized

Perdonen los inconvenientes que las promesas incumplidas de los candidatos y candidatas a puestos electivos del cuatrienio pasado le hayan podido causar. Por favor excusen también todas los demás males que la actual campaña electoral les este causando. La culpa no es realmente de los candidatos, ellos y ellas son sólo personas tratando de hacer el bien, buenos samaritanos que aman a su pueblo y que quieren lo mejor para el País. La culpa no es de ellos, sino de la política…Porque la política es así…Pero y, ¿cómo es la Política?? Pues es un negocio sucio. ¿No? Porque puro no es.

Estamos, de hecho, en la recta final del proceso eleccionario. Así que prepárese porque ahora es que la cosa se pone buena. Y esta vez la guagua de verdad  va en reversa pal carajo, a las millas de chaflan, patinando y viene de culo. Claro y si viene de ese lao’, suponemos que por eso la peste a putrefacción hace rato que nos ahoga. ¿Verdad? Claro que sí! El zafacón de embustes viene dando vueltas desde hace rato, para el disfrute, la ilusión o desesperanza de muchos.

Bien lo dice, la canción de Rubén Blades, “Déjenme Reír”  “cada cuatro años se aparecen, cargando niños por el barrio, prometiendo, saludando, el voto buscando, y engañando, el voto buscando, y robando… Se acaban las elecciones y al mirar las selecciones siempre ves la misma gente. Y el que votó esperanzado, sigue de un gancho colgado y el que votó indiferente, cree que milagrosamente, se arreglará lo dañado…”

 

Prometiendo lo imposible y dirán lo que sea  para asegurar su acceso al poder o su permanencia en el mismo. Su elección o re-elección la comprarán a fuerza de lo que sea, menos de honestidad. Llegarán, como siempre, sean del partido que sea, a vampirizar las arcas del gobierno y a cumplir solamente con ellos mismos y si acaso, con el partido, pero muy pocas veces con el pueblo y menos con el bienestar de todos.

¿Cómo podemos confiar o fiarnos de la política sino podemos confiar en los políticos? ¿Cómo podemos creer en que la política nos traerá algo bueno o mejor, si cuatrienio tras cuatrienio la cosa va de mal en peor? ¿Cómo habremos de tener algo de esperanza en la política y en los políticos?

Estas son preguntas que no necesariamente tienen una respuesta simple y si intentáramos responder a las mismas nos toparíamos con la gran paradoja que encierra  la política; que aun cuado la política es como es, la misma  también viene colmada de esperanza.

¿De esperanza?  ¡Si! Ya veremos andando el semestre, porque el profesor insiste en que podemos rescatar la politica y que la politica es también, esperanza…

No por casualidad  los políticos utilizan en sus eslóganes de campaña la palabra “esperanza” como gancho electoral en tan repetidas ocasiones (recordemos al hoy Presidente estadounidense en plena campaña presidencial del 2008 y su famoso eslogan, “HOPE FOR A CHANGE”.

Ojalá que no tengamos que pedirle que tomen sus promesas y la esperanzan que prometen y se la “zampen” por el trasero.

Para abonar un poco mas al tema, aquí les dejo la letra de otra famosa canción en torno a nuestro amigos los políticos:

BAJO LA LETRA ENCONTRARAS  UN VIDEO DE ESTA CANCION. ESPERO ESCUCHAR REACCIONES DE USTEDES EN CLASE RESPECTO A LA LECTURA ANTERIOR, LAS CANCIONES  Y VIDEOS.  QUE DISFRUTES!!

“ALGO PERSONAL “, de JOAN MANUEL SERRAT 

Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo

que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.