Por JUAN E. MARCANO MEDINA

 

                  ¿Por qué debemos obedecer al Estado, a las leyes y a las autoridades? ¿Por qué debe el ciudadano obedecer al gobernante, pagar contribuciones y seguir, por ejemplo, las leyes de tránsito? ¿Por qué debe este sentirse obligado a observar las normas? ¿Qué es lo que hace del Estado una entidad que se merezca nuestra obediencia? ¿Qué hace a la ley digna de nuestra subordinación? ¿Qué hace a un gobernante alguien digno de nuestro respeto? ¿Qué cosa le autoriza a gobernar y a tomar decisiones en nuestro nombre? ¿Es legítimo desobedecer al Estado y a la autoridades? ¿Me puedo resistir a obedecer al poder político? ¿Están las revoluciones justificadas? ¿Tenemos el derecho de cambiar el sistema o poder político que no nos gusta o satisface por otro que nos resulte más conveniente o mejor? ¿Cómo se justifica el cambio político? ¿Qué tipo o forma de gobierno nos resulta más legítimo o nos parece mejor para gobernar la sociedad? ¿Qué forma de gobierno es el mejor para el ser human o nos resulta más conveniente o apropiado ¿Qué forma de gobierno se ajusta mejor a la naturaleza humana? ¿Existe algún tipo de gobierno que sea el más legítimo entre todos los demás para la vida humana? ¿Es la democracia el mejor sistema de gobierno? ¿Necesitamos más o menos democracia y por qué?

A lo largo de los tiempos estas han sido algunas de las grandes preguntas que la filosofía política se ha encargado de contestar. Estos cuestionamientos son por lo tanto objeto fundamental de estudio de la ciencia política y muy particularmente de la disciplina del pensamiento político o la filosofía política. Todas estas preguntas han sido ya objeto de estudio de parte de los teóricos. Algunos de ustedes, como ya hemos indicado en clase, tiene respuestas teóricas (aunque desarticuladas) para algunas o todas estas preguntas.

¿Por qué son importantes las anteriores preguntas para la ciencia política y la filosofía? Desde que el ser humano vive dentro de algún tipo de arreglo político o bajo algún tipo de autoridad gubernamental este se ha preguntado; ¿qué me obliga obedecer al gobierno, a los gobernantes (al rey por ejemplo, a las autoridades estadounidenses, quizás)? Las respuesta a su pregunta, aunque han variado en alcance y en forma a través de los tiempos, han sido siempre en la línea de presentar “justificaciones” para la obediencia del ciudadano (en este caso usted) a la autoridad política, para el poder del Estado o del arreglo político bajo el cual vive, por una parte; o por otra parte, presentar algún tipo de justificación para no obedecer al Estado, para resistirse a la ley y a la autoridad en diversos grados o incluso, para rebelarse en totalmente contra del poder político de manera terminante, como cuando se lleva a cabo una rebelión o revolución, como por ejemplo la famosa Revolución pro-independencia de las 13 colonias norteamericanas contra la Corona Inglesa y que luego dio paso a la creación de lo que es hoy ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

La filosofía y la ciencia política se interesan por todos los asuntos o situaciones teóricas antes mencionados porque en última instancia algún filosofo político terminará por poner en perspectiva filosófica alguna de las visiones respecto a la autoridad, al poder y la obediencia o no al Estado en un formato teórico. Es decir, algún filósofo político elavorará (o ha elaborado) una teoría donde presentará premisas, conceptualizaciones,  argumentos, razones y fundamentos, ya sea para justificar por qué debe un ciudadano obedecer el Estado (o por qué el Estado-la ley y la justicia-es un ente legítimo que merece ser respetado); o por el contrario, bajo qué condiciones socio-políticas se justifican la desobediencia y la resistencia al poder político por parte del ciudadano o bajo cuál situación específica es legítimo para un ciudadano o un grupo tomar las armas e iniciar una  revolución política. Un buen ejemplo de ello es precisamente la famosa Declaración de Independecia de Estados Unidos.

A través de los tiempos distintos filósofos políticos han estado defendiendo una u otra de las posiciones antes señaladas o inclusive ambas toda vez que sus teorías intentan cubrir diferentes problemas políticos dentro de diferentes contextos  teóricos. Toda teoría política posee una vertiente teórica que determina el carácter y alcance de las instituciones socio-políticas que el pensador intenta describir, criticar, destacar o descifrar. A esta parte o segmento de la teoría política se le conoce como la teoría de las instituciones(TIns). La misma contiene una serie de sub-componentes teóricos o sub-teorías. Estas son: 1) teoría del origen del Estado (la cual intenta explicar de dónde proviene el Estado, cuál es su naturaleza, cuales son los fines o propósitos del mismo, qué es el bien o bienes comunes que EL ESTADO intenta proteger y en qué se basa o cuáles son los fundamentos de la legitimidad del mismo). 2) teoría del poder político o la autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo). 3) teoría de la legitimidad (qué es la legitimidad y cómo la misma se logra, se consigue o se mantiene dentro de un arreglo u orden político). 4) teoría del liderazgo (quién debe gobernar, por qué, cuáles deben ser cualidades que debe poseer el líder). 5) teoría del poder político o la autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo). 6) teoría de la justicia (qué es la justicia, cuál es su naturaleza y cuál es el rol de la misma en la política). 7) teoría del ciudadano (cuál es el rol del ciudadano en el Estado, su función, sus deberes, responsabilidades, libertades y privilegios)  8) teoría de los regimenes políticos o de cu’al es el mejor tipo de sistema autoridad (o cuál es la naturaleza del poder político y de dónde proviene la legitimidad del mismo).

Cada uno de los componentes de la TIns están interrelacionados o conectados teóricamente hasta el punto de que es posible determinar, derivar  o deducir muchos de ellos a partir de conocer los fundamentos teóricos de dos o tres de estas partes. Es decir, si conozco cómo piensa un filósofo sobre el origen del Estado, sobre la autoridad política y sobre la justicia, puedo derivar con cierta certeza cuál es su visión sobre el rol del ciudadano o su teoría del líder político.  Claro, que quizás no sea posible deducir  con suficiente precisión esto si desconocemos otras partes de cierta teoría política.

Además de la TIns, una teoría política posee dos componentes adicionales. Estos son: la teoría del ser humano (cuál es la naturaleza del ser humano, cuáles sus inclinaciones naturales, su conducta psicológica, etc.; por ejemplo el cristianismo nos presenta una teoría del ser humano que tiene un gran impacto en el campo de lo político), y  la teoría del cambio social (TCS). Esta última contiene a su vez varias sub-teorías: 1) teoría de la estabilidad del orden o arreglo político (cómo se conserva o mantiene la estabilidad en un Estado, cómo se produce el conflicto socio-político, cómo se pierde dicha estabilidad, cómo se corrompe el Estado y cuál es la génesis del caos). 2) teoría de la oposición o de la resistencia al Estado o a la autoridad (qué cosa constituye la oposición o resistencia, si es o no legitima o se debe permitir y bajo qué circunstancias específicas es la resistencia, la protesta, la desobediencia, la insubordinación y/o la rebeldía justificable). 3) teoría de la revolución (qué es la  revolución y bajo qué circunstancias específicas es la misma justificable o legítima). Como parte de la TCS también puede incluirse la sub-teoría de la guerra (es la guerra justa o no, cómo se justifica la agresión, tomar las armas y el tomar acciones bélicas).

Si tomáramos como modelo, por ejemplo, la teoría política del famoso filósofo Platón, veríamos cómo las diferentes sub-teorías de su visión político-filosóficas se conectan independientemente por dónde comencemos a estudiarla. Por ejemplo, podemos comenzar por su visión sobre cuál era el mejor tipo de gobierno para éste—quién de hecho argumentaba que la democracia (a la cual llamaba tiranía de la mayoría) era el peor de todos los tipos de gobiernos– Según Platón, el líder político realmente capaz de gobernar con justicia y bondad un Estado que buscase solamente el bienestar de sus ciudadanos, lo era el filósofo o lo que el llamó el Rey-Filósofo y por lo tanto él favorecía o una Monarquia o una Junta (ue gobernaran la sociedad, algo así como la Junta de Gobierno en la famosa película de “The Giver”. Platón construyó una teoría política donde apoyaba filosóficamente una monarquía donde gobernaban los filósofos, amantes de la sabiduría, incansables exploradores de la verdad de las cosas, versados como nadie en el bien común, en lo verdaderamente útil y provechoso para el pueblo  y únicos conocedores de lo que era el verdadero bienestar de los ciudadanos. Según él, este régimen era perfecto y una vez llegado a este tipo de arreglo político no habría porque cambiarlo ya que era el más justo, el más ordenado, el más libre, el más valiente, el más bueno y el más bello entre todos los demás. Platón consideraba que la democracia era la forma más corrupta de gobierno porque las masas gobernaban al arbitrio de las pasiones, de sus sentimientos, de sus miedos e intereses egoístas y no guiados por la idea del bien común y mucho menos guiados por la razón y la inteligencia. Las masas eran además fácilmente manipulables por los inescrupulosos demagogos.

Las democracias, según Platón, al igual que muchos otros después de él (que piensan igual) siempre falta la razón y la inteligencia en os asuntos de gobierno. Por el contrario en ellas, sobre la demagogia, la irracionalidad, el disparate, la arbitrariedad y el libertinaje. Es el caos el que gobierna o imperaba en ellas y no la sabiduría.  Por ello no debe sorprender, según Platón, que el abuso, el atropello, la sinrazón, la ilegalidad, la corrupción y la injusticia sea lo más que sobresale en este sistema de gobierno de los muchos y los inadecuados. Para Platón la democracia era una cosa loca donde el conflicto y la desorganización eran la orden del día. La justicia y la verdadera libertad por lo tanto, tampoco son posibles en las democracias. No hay más que recordar que Sócrates, maestro de Platón, fue injustamente sentenciado a muerte por la asamblea democrática ateniense. Sócrates no sólo fue privado injustamente de su libertad, sino que murió a causa de la arbitrariedad y capricho de sus acusadores que simplemente veían en él una amenaza al estilo de vida de libertinaje y arbitrariedad moral que reinaba en la Atenas de aquel tiempo.

Pero no podía ocurrir de otra manera. La muerte de Sócrates es producto de la enfermedad democrática  porque la verdadera libertad filosófica en un lugar como este no era posible, porque para ser libres verdaderamente hay que ser sabio y el libertinaje es simplemente resultado directo de la ignorancia. Para Platón la mayoría de los seres humanos son ignorantes, desconocen lo verdaderamente bueno y justo y por ello se dejan llevar por sus apetitos y por sus emociones. Las masas descuidan el buen consejo de la razón y por lo tanto fracasan, no son capaces realmente de gobernar y mucho menos de gobernarse apropiada y provechosamente a sí mismos. Los muchos o los más, según este filósofo, son una masa de ignorantes que caen rápida e inexorablemente victimas de su propia ignorancia e inestabilidad, lo cual produce caos político. De esta manera se corrompe el Estado y la sociedad. Ni desorden, ni la arbitrariedad, ni el caos, no obstante, son cosas que ocurren naturalmente. Para Platón lo natural es el orden. El desorden no es natural, de la misma manera que en la naturaleza no impera lo caótico ni lo desordenado, porque aún los llamados fenómenos naturales que aparentemente desordenan las cosas, tienen el propósito de balancear y de ajustar la naturaleza. El orden según Platón es algo natural y para ello la naturaleza ha creado ciertos principios que fomentan y crean las condiciones de ese orden, como por ejemplo en la sociedad de las hormigas o de las abejas.

El primer principio de la naturaleza es el de la justicia que impone simplemente el que cada persona y cosa hagan aquello para lo cual fueron creados. Según Platón, hay seres humanos que nacieron para gobernar y otros para obedecer, de la misma manera que en la propia naturaleza encontramos a las hormigas perfectamente ordenadas gobernadas por una reina, de la misma forma en que existe un lobo rey de la manada o un ley que reina entre sus leonas o un gorila que es el macho alfa. Cuando no se sigue el principio natural el caos sobreviene porque no hay ninguna otra cosa que pueda surgir de una subversión del orden natural sino la inestabilidad y el caos. Para Platón la naturaleza creo a seres humanos mejor y más capacitados intelectualmente y son ellos los llamados a buscar el conocimiento verdadero y entrenarse en la filosofía para luego poder acceder legítimamente al poder político. Solamente el filosofo es capaz de conocer lo bueno, lo justo y lo bello y por ende sólo el es capaz de saber como gobernar bien a un pueblo y cómo buscar el bien de todos. El pueblo, será libre, según Platón, en la medida en que se deje gobernar dócilmente por el filósofo. El pueblo se libera así del caos que ellos mismos causan y a nivel individual cada uno se libera del capricho de sus propios deseos y apetitos porque el gobernante los llevará por el camino de la sabiduría y de la virtud moral para no dejarlos caer en el caos emocional. Todos seremos felices si gobernaran los Filósofos-Reyes.

Es clara la respuesta de Platón a la pregunta,  ¿por qué debemos obedecer al Estado, a las leyes y a las autoridades? Por qué si el Estado, la ley y la autoridad están fundados en la naturaleza, son totalmente legítimos y se merecen todo nuestro respeto ya que de lo contrario sobrevendría el caos y perderíamos nuestra felicidad, todo se vendría abajo. La democracia no parece ser algo natural según Platón

Siempre se le puede encontrar una justificación a todo tipo de arreglo. Por estas mismas razones Platón no estaría de acuerdo con la revolución ni con la resistencia al poder del Estado. Pero para ver cuál es en parte, la TCS de Platón veamos uno de sus escritos que aparece a continuación, titulado, EL CRITON. Luego continuaremos discutiendo el tema de la legitimidad, autoridad, resistencia y revolución.

(Luego del examen estaremos mirando y analizando esta lectura junto a otras para ver exactamente a dónde nos conducen).

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Busque asignación de lecturas para esta semana (19 agosto 2017) en página tareas. Ya está disponible. Gracias!

Minientrada  —  Publicado: agosto 19, 2017 en Uncategorized

Hola y bienvenidas/das

Publicado: enero 22, 2016 en Uncategorized

La página de tareas, arriba disponible en una pestaña con título, “Tareas 2017,” contiene las tareas junto a las lecturas asignadas para esta semanA. Enjoy!!

Marcano

por JUAN E. MARCANO-MEDINA

 

 “Sólo la justificación hace del poder de mandar   

un derecho y el de la obediencia, un deber.”

Norberto Bobbio

En el lenguaje político el término “legitimidad” posee un significado específico cuyo referente es comúnmente el Estado (y/o la ley). Evidentemente el concepto es, en esencia, socio-político. Mas si se le observa con mayor rigor encontraremos que el mismo posee vertientes de naturaleza culturales y  psicológicas; las mismas que a su vez están determinadas por la pluralidad de contextos sociales e históricos en que el fenómeno de la legitimidad se manifiesta.

Por una parte se puede definir legitimidad como el atributo del Estado que consiste en la existencia en una parte relevante de la población de un grado de consenso tal que asegure la obediencia sin que sea necesario, salvo en casos marginales, recurrir a la coerción o el uso de la fuerza. Todo poder político trata de ganarse el consenso para que se le reconozca como legítimo, transformando la obediencia en adhesión y dicha adhesión en legitimidad. Ciertamente, a lo que nos referimos en última instancia cuando hablamos de legitimidad, es a las razones que un ciudadano tiene para obedecer o no a su gobierno. Y siempre que hablamos de razones, la referencia es al fin de cuentas, a las justificaciones que damos para obedecer la ley y el orden establecido por un Estado.

Ahora, bien existe pues un elemento psicológico en relación a la obediencia y en la idea de la legitimidad, por lo que igualmente se puede decir que esta es: una especie de sentimiento de parte de la persona que esta sujeta a cierto poder que le hace sentir respeto por aquel que le ordena o le da ordenes. Cuando hablamos de sentimientos, nos referimos, desde la psicología, a sentimientos o disposiciones en el sujeto (humano)  que favorecen una actividad si son positivos o la inhiben, si son negativos.  Por lo tanto, las relaciones de poder que se desarrollan al interior de cualquier sociedad políticamente organizada están mediatizadas tanto por el sentido de legalidad-jurídica y de respeto al orden y las leyes como por el sentimiento de respeto hacia dicho orden y hacia gobernantes por parte de los gobernados.

En efecto, de acuerdo al  Diccionario Crítico de Ciencias Sociales a partir de los estudios del sociólogo Max Weber, respecto al fenómeno de la legitimidad se pueden señalar hasta cinco diferentes acepciones del concepto de legitimidad que le vinculan el última instancia con el asunto de las justificación de la obediencia, a saber: “1) como la creencia en la bondad de un orden social o político (legitimacy as belief); (2) como una reclamación desde el poder político, militar o religioso (legitimacy as claim sobre la base de elementos legales racionales, carismáticos o tradicionales); (3) como sinónimo de justificación de un régimen (se obedece cuando existen justificaciones, esto es, “legitimaciones de la dominación”); (4) como promesa de un futuro mejor (muy vinculado a la dominación carismática); (5) como autojustificación que hacen los gobernantes de su buena fortuna en aras de asegurar o monopolizar una distribución desigual de los beneficios sociales en su favor; (Bensman, 1979). Los conceptos weberianos de validez y legitimidad pecan de inconsistencia pues mezclan aspectos tanto objetivos como subjetivos, aspectos libres de valores con aspectos normativos, y manejan indistintamente nociones de “validez” referidas a normas orientadas hacia valores creídos subjetivamente o sustentadas sobre el derecho o las convenciones existentes.” (ver el siguiente enlace del Diccionario aquí citado: http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/L/legitimidad.htm )

Lo antes señalado nos obliga a mirar el asunto del fenómeno de la legitimidad con mayor rigor y ello exige pues que le miremos más que como un mero concepto, como un proceso o como un conjuntos de procesos. Veamos:

PROCESOS DE LEGITIMACION

Si se considera el asunto desde el punto de vista sociológico, se puede observar que el proceso (o procesos) a través del cual se obtiene o se logra dicha legitimidad (proceso de legitimación)  no tiene necesariamente como punto de partida el Estado como tal, sino a diversos elementos socio-culturales y de naturaleza política no-Estatal, tales como; el consentimiento y el cumplimiento con los principios políticos establecidos históricamente en un país (como lo son los principios democrático-liberales en los países de Occidente), los sentimientos nacionales (o nacionalistas), la cultura política y la ideología ligada al tipo de régimen político, el elemento del desempeño del gobierno y de los gobernantes a la hora de gobernar y tomar decisiones,  el aspecto del carisma que posee un líder en particular, por último, y no menos importante, el elemento religioso.  Como veremos, la legitimación del poder del Estado es el resultado de una serie de mecanismos que determinan el grado de respeto y de obediencia que un Estado, sus dirigentes y sus decisiones posean en un momento dado de la historia de un país o territorio. Examinemos brevemente dichos mecanismos.

1. El consentimiento al poder (a las leyes y autoridades) por partede la ciudadanía es uno de los aspectos legitimadores del poder primordiales especialmente dentro de la cultura occidental donde  se ponen en práctica los principios democrático-liberales . El consentimiento de la población al poder político se presenta, precisamente, como uno de los principios más importantes dentro de la doctrina democrática- liberal. Históricamente hablando, en los países occidentales (como el nuestro) dicha doctrina incluye además, la defensa y promoción de las libertades individuales (como la seguridad de la propiedad privada) y de los derechos civiles (incluyendo los derechos de las minorías), así como la idea de la soberanía popular (la cual se ejerce de varias maneras, incluyendo a través del voto-derecho al voto), apego a la ley y el control del poder político para evitar el abuso del mismo por parte de los gobernantes. Por cuanto para que la ciudadanía otorgue su consentimiento a las autoridades políticas, expresadas en las diferentes instancias que asume el orden Estatal (la ley, los tribunales, lo jueces, la policía, etc.) el Estado o el orden político institucional debe cumplir con los requisitos antes mencionados. El procedimiento electoral o el ejercicio del derecho al voto durante las elecciones, por ejemplo, es un mecanismo legitimador de los resultados de la elección así como para el poder con el cual se inviste al ciudadano que salió favorecido por el electorado. La ley y las reglas del juego democráticos también sirven como mecanismos de legitimación. Pero el gobierno o el gobernante debe también cumplir a su vez con la ley. Si un gobernante violenta la ley (o es acusado de corrupción), pierde a su vez legitimidad porque deja de cumplir con los requisitos antes mencionados. Si un goberno o gobernantes (o aquellos que representan el gobierno o la ley, como es el caso de la policia) hacen mal uso de sus privilegios, abusan de su poder o del cargo, o no hacen bien su trabajo) también socavan la legitimidad del poder del Estado. Si se violan los derechos de los ciudadanos deliberada y constantemente, si se pisotean las libertades o no se cumple con el requisito de proteger los derechos civiles y por el contrario el gobierno parece convertirse en abusador también termina por debilitarse las bases de la legitimidad del Estado y/o de los gobernantes. Por ende, un gobierno o gobernante que no cumpla con dichos requisitos puede correr el peligro de perder el consentimiento del pueblo y por ende puede lograr que sistema mismo pierda legitimidad.

2. Sentimientos nacionales: la comunidad política, cuerpo político o pueblo es el grupo social con base territorial que reúne a los individuos que le adjudican legitimidad o no a la autoridad política, tiene una serie de afectos que influyen positivamente en el sentimiento de respecto que dicho cuerpo posee hacia quienes dan ordenes o hacia aquellas instituciones que representan el poder político. El amor por la patria o por la nación se convierte, de esta manera, en un mecanismo que le brinda legitimidad al Estado o al poder político en la medida en que la población  se identifica con la nación, con la patria y por lo tanto, con la autoridad política que emana de ella. En el Estado-nacional la creencia en la legitimidad se configura primordialmente en términos de fidelidad a la comunidad política y de lealtad hacia la nacionalidad y los símbolos nacionales como la bandera, el himno, etc. Aunque el amor por la patria tiende a legitimar el poder político o al Estado que representa la nación, este mismo sentimiento podría justificar igualmente el que la población (o parte de ella) deje de respetar (o deje de mirar como legítimo) a un gobierno en específico o a un gobernante, bajo la sospecha de que el mismo esta atentando contra los mejores intereses de la patria. Este es el caso de países ocupados por fuerzas extranjeras, como las colonias. Este es el caso también de regimenes (dictatoriales o democráticos) que asumen el poder y que la ciudadanía los percibe como capaces de poner en peligro a la nación o a patria. Por otra parte, salvar la patria, si la misma estubiese en peligro, es también fuente de legitimidad para distintos tipos de acciones políticas por parte de un gobierno o de los ciudadanos.

3. El régimen, como hemos estudiado en clase, es el conjunto de instituciones (la constitución, la ley, etc.) que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder político en una sociedad. Dependiendo del tipo de régimen que exista se crea cierto tipo específico de proceso de legitimación entre la ciudadanía. Cada sistema político requiere un tipo de cultura política específica cuyos valores, sentimientos e ideales conforma la ideología socio-política de la sociedad. Esta ideología es la que en última instancia anima y le da vida a las instituciones. Los principios monárquicos, democrático, socialista, fascista, etc., definen algunos tipos de instituciones y de valores correspondientes, en los que se basa la legitimidad del régimen. Es decir la característica fundamental de la adhesión y obligación hacia el régimen consiste en el hecho de que los gobernantes y su política son aceptados en cuanto estos persiguen, promueven y establecen los aspectos y principios fundamentales del régimen en particular. Por ejemplo, en el caso de las democracias-liberales, descritas en el primer renglón, la ideología o cultura política prevaleciente en la mayor parte de la ciudadanía es de carácter liberal-democrática, es decir; los ciudadanos creen en la libertad individual, piensan que existen unos derecho y libertades que son inalienables y que nadie se los puede quitar. Sostienen además que todos los seres humanos son iguales por naturaleza y que por ende se merecen igual respeto y que todos por ser iguales deben estar sujetos a las mismas leyes y a los mismos principios: nadie esta por encima de la ley. En cambio, un principio básico de muchos de los gobiernos monárquicos, es el pensamiento por parte de la gente, de que existe personas que son mejores que otras, o sea que las personas no son iguales. Al menos en el pasado esta era la ideología del pueblo dentro de las monarquías y por ello el monarca se podía atribuir poderes y llevar a cabo acciones que iban por encima de la ley. El rey era el rey. Por ende el que legitima el poder debe aceptar también el gobierno que se forme y actúe en conformidad con las normas y con los valores del régimen, a pesar de que no lo apruebe y hasta se oponga al mismo o a su política. Por iguales razones, resulta a veces imposible querer implementar un tipo de sistema político en un país donde la cultura política no esta a tenor con el sistema político que se pretende imponer. Imaginen que en P.R. alguien se le ocurriese imponer un amonarquía absoluta cuyo Rey fuese, vamos a decir, Roselló. Igual es el caso en Irak, en estos días, imponer una democracia ha sido casi imposible, porque los irakies no están ideológicamente preparados para este tipo de sistema.

4. Cada tipo de régimen o gobierno, como vimos, posee ciertos criterios o requisitos que debe lograr promover o implementar. Pero más allá de los requisitos específicos de cada tipo de gobierno en particular, un gobierno posee unos propósitos que son generalmente similares a todos los gobiernos no importa su naturaleza: ello es; proveer seguridad para la población del país o brindar protección interna y externa a la ciudadanía, promover la justicia y el bienestar de todos (incluido el bienestar y desarrollo económico), entre otros: y el éxito o fracaso en el desempeño del gobierno en estas funciones son también un importante fundamento de la legitimidad del Estada o de los gobernantes. Como sabemos el gobierno es el conjunto instituciones que asume las funciones concretas del Estado y por ende asume el ejercicio del poder político de manera específica y por ende es en ejercicio de dicho poder se entiende que el mismo esta destinado a cumplir lo mejor posible con las funciones antes descritas. Se puede decir que en la medida en que cada gobierno cumple con dichas funciones este conserva en mayor o menor grado las bases de su legitimidad en buen estado, pero en la medida en que dichos requisitos no son cumplidos del todo; o a partir de que la población perciba que estos no están siendo realizados como se debe, o peor aun, en la medida en que gobierno y sus instituciones claramente fracasen en su gestión de dichas funciones, en esa misma medida la legitimidad del estado se puede deteriorar hasta entrar completamente en crisis. Una crisis económica profunda puede desatar en algunas circunstancias una desvalorización gradual de la legitimidad del Estado o al menos de sus gobernantes. Si el Estado o policía, por ejemplo, fracasa en su función de proteger la vida y propiedad de la ciudadanía en general, alguien se podría preguntar; ¿para qué queremos entonces mantener y financiar un cuerpo policíaco? Por lo tanto, el desempeño del gobierno en su gestión política es sumamente determinante a la hora de conseguir el consentimiento de la gente y por ende a la hora de mantener su legitimidad. Por otra parte, el desempeño específico del gobernante de turno (especialmente en sistemas democráticos contemporáneos donde los líderes son electos) forma parte de los elementos que le brindan o le quitan legitimidad a la figura del gobernante y que inciden en le legitimidad del propio sistema. Su desempeño se mide al menos en dos niveles:

  • A nivel institucional: la gente tiende a pasar juicio sobre su desempeño en su función como gobernante respecto de los requisitos del sistema. Si este promueve o no el bien del pueblo, si cumple o no con sus deberes y con la ley, si cuida o no de la patria, etc.
  • A nivel del cumplimiento específico de sus promesas de campaña: su desempeño es medido por la gente respecto a si cumple o no con lo prometido o al menos en que medida sostiene su palabra.

5. El carisma que posee un líder en particular, como bien lo indicó, el sociólogo Max Weber, es también fuente de legitimidad del poder político y del régimen y por ende de las actuaciones del Estado. El carisma o los atractivos del líder legitiman su poder o se convierten en la base de su autoridad. Cabe aclarar que poder y autoridad no son lo mismo, sino que el poder de una persona, en este caso su poder político, es concebido como autoridad o no en la medida que dicho poder se percibe como legítimo. La persona que es jefe del gobierno, su personalidad, su prestigio y demás cualidades personales del dirigente son muchas veces en sobrada medida elementos legitimadores del ejercicio del poder político más allá de los elementos jurídico-legales de donde están supuestos a emanar la autoridad de un jefe de Estado en sociedades constitucionales como las nuestras. Sucede, que querámoslo o no, en todos los sistemas políticos existe, en diversa medida, una dosis de personalización del poder. Es decir el poder político se personifica en la figura del máximo líder aun en las democracias. Por ello el carisma del dirigente forma parte del ejercicio de su poder. La ciudadanía pocas veces pasa por alto las cualidades personales de los jefes bajo la función que ejerce. El carisma termina excediendo la legitimidad legal. Pero lo que es esencial para distinguir entre el poder legal y el poder carismático (el poder personal o carismático) (esta es la distinción de Weber) es que la legitimidad del primero se basa en la creencia en la legalidad de las normas del régimen, previamente instituidas de manera racional por la constitución de un Estado; en esto se basa en la autoridad de los que detentan el poder dada por las leyes. Pero la legitimidad del poder carismático se en las cualidades personales del jefe, y en forma subordinada en las instituciones.

6. La religión o las creencias religiosas son otro aspecto o elemento cultural legitimador del poder político. Las ideas religiosas han sido históricamente una fuerza que junto con otros elementos culturales han sido utilizadas por los gobernantes tanto para legitimar su poder político así como sus decisiones y acciones específicas.

OBJECIÓN A, O EROCIÓN DE LA LEGITIMIDAD:

En un contexto político específico cada una de los anteriores elementos en el proceso de legitimación del poder político, de las autoridades, de los dirigentes o goberntaes y del Estado como tal, establecen aspectos específicos que representan o podrían representar variables que definen a su vez una serie de circunstancias, situaciones o motivaciones para que la ciudadanía, el pueblo o parte del pueblo terminen por objetar la legitimidad de las autoridades políticas. Partiendo de cada uno de los elementos arriba mencionados y como sugerimos, se pueden identificar razones por las cuales los individuos que forman un cuerpo político podrían pasar un juicio negativo sobre el desempeño, los fines u orientaciones del sistema de gobierno y/o de sus líderes.

Este tipo de juicio contra el gobierno o contra sus líderes se puede denominar como una objeción contra la legitimidad del sistema y por ende se puede definir como elementos que erosionan la legitimidad del Estado y/o de sus instituciones. Ciertamente, hay muchas razones para que dicha erosión ocurra. Estos los discutiremos eventualmente en clase.

Cada cuatro años…

Publicado: febrero 26, 2011 en Uncategorized

Perdonen los inconvenientes que las promesas incumplidas de los candidatos y candidatas a puestos electivos del cuatrienio pasado le hayan podido causar. Por favor excusen también todas los demás males que la actual campaña electoral les este causando. La culpa no es realmente de los candidatos, ellos y ellas son sólo personas tratando de hacer el bien, buenos samaritanos que aman a su pueblo y que quieren lo mejor para el País. La culpa no es de ellos, sino de la política…Porque la política es así…Pero y, ¿cómo es la Política?? Pues es un negocio sucio. ¿No? Porque puro no es.

Estamos, de hecho, en la recta final del proceso eleccionario. Así que prepárese porque ahora es que la cosa se pone buena. Y esta vez la guagua de verdad  va en reversa pal carajo, a las millas de chaflan, patinando y viene de culo. Claro y si viene de ese lao’, suponemos que por eso la peste a putrefacción hace rato que nos ahoga. ¿Verdad? Claro que sí! El zafacón de embustes viene dando vueltas desde hace rato, para el disfrute, la ilusión o desesperanza de muchos.

Bien lo dice, la canción de Rubén Blades, “Déjenme Reír”  “cada cuatro años se aparecen, cargando niños por el barrio, prometiendo, saludando, el voto buscando, y engañando, el voto buscando, y robando… Se acaban las elecciones y al mirar las selecciones siempre ves la misma gente. Y el que votó esperanzado, sigue de un gancho colgado y el que votó indiferente, cree que milagrosamente, se arreglará lo dañado…”

 

Prometiendo lo imposible y dirán lo que sea  para asegurar su acceso al poder o su permanencia en el mismo. Su elección o re-elección la comprarán a fuerza de lo que sea, menos de honestidad. Llegarán, como siempre, sean del partido que sea, a vampirizar las arcas del gobierno y a cumplir solamente con ellos mismos y si acaso, con el partido, pero muy pocas veces con el pueblo y menos con el bienestar de todos.

¿Cómo podemos confiar o fiarnos de la política sino podemos confiar en los políticos? ¿Cómo podemos creer en que la política nos traerá algo bueno o mejor, si cuatrienio tras cuatrienio la cosa va de mal en peor? ¿Cómo habremos de tener algo de esperanza en la política y en los políticos?

Estas son preguntas que no necesariamente tienen una respuesta simple y si intentáramos responder a las mismas nos toparíamos con la gran paradoja que encierra  la política; que aun cuado la política es como es, la misma  también viene colmada de esperanza.

¿De esperanza?  ¡Si! Ya veremos andando el semestre, porque el profesor insiste en que podemos rescatar la politica y que la politica es también, esperanza…

No por casualidad  los políticos utilizan en sus eslóganes de campaña la palabra “esperanza” como gancho electoral en tan repetidas ocasiones (recordemos al hoy Presidente estadounidense en plena campaña presidencial del 2008 y su famoso eslogan, “HOPE FOR A CHANGE”.

Ojalá que no tengamos que pedirle que tomen sus promesas y la esperanzan que prometen y se la “zampen” por el trasero.

Para abonar un poco mas al tema, aquí les dejo la letra de otra famosa canción en torno a nuestro amigos los políticos:

BAJO LA LETRA ENCONTRARAS  UN VIDEO DE ESTA CANCION. ESPERO ESCUCHAR REACCIONES DE USTEDES EN CLASE RESPECTO A LA LECTURA ANTERIOR, LAS CANCIONES  Y VIDEOS.  QUE DISFRUTES!!

“ALGO PERSONAL “, de JOAN MANUEL SERRAT 

Probablemente en su pueblo se les recordará
como cachorros de buenas personas,
que hurtaban flores para regalar a su mamá
y daban de comer a las palomas.

Probablemente que todo eso debe ser verdad,
aunque es más turbio cómo y de qué manera
llegaron esos individuos a ser lo que son
ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

Hombres de paja que usan la colonia y el honor
para ocultar oscuras intenciones:
tienen doble vida, son sicarios del mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,
viajan de incógnito en autos blindados
a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,
a colgar en las escuelas su retrato.

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar
espías, listas negras y arsenales;
resulta bochornoso verles fanfarronear
a ver quién es el que la tiene más grande.

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,
juegan con cosas que no tienen repuesto
y la culpa es del otro si algo les sale mal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.
Pulsan la alarma y rompen las promesas
y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer
nos ponen la pistola en la cabeza.

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar
van a cagar a casa de otra gente
y experimentan nuevos métodos de masacrar,
sofisticados y a la vez convincentes.

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,
ni recuerdan que en el mundo hay niños.
Nos niegan a todos el pan y la sal.
Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión
de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión
que les permita hallar un marco previo

que garantice unas premisas mínimas
que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz
de este a oeste y de sur a norte,

donde establecer las bases de un tratado de amistad
que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar
un hermoso futuro de amor y paz.